sábado, 28 de marzo de 2009

Hace ya unos 2 meses que no he escrito nada en mi blog y creo que resulta necesaria iuna explicación a mis posibles lectores. He estado muy ocupado con unas nuevas relaciones contractuales con Editorial OCEANO en virtud de las cuales me he comprometido a entregarles algunos de mis escritos ya editados, la lección magistral que imparto en la Universidad a estudiantes de pregrado y a iniciar una serie de entregas sobre consejos y recomendaciones a los padres y a los alumnos de pregrado de Medicina que puedan interesarles que recogen mis experiencias en mi consulta privada de Pediatría que desarrollé durante 54 años y que recojo en una serie titulada "Perspectivas de un pediatra senior". Todo ello estará a disposición de quien pueda estar interesado a través de los servicios electrónicos de las Bibliotecas públicas en los que podrán leerse mis criterios sobre temas de atención y cuidados al niño normal. Pienso que esta acción me va a permitir dejar reservado mi blog para temas de actualidad candente que puedan aparecer reflejados en la prensa ordinaria y por tanto mi aportación al blog será menos periódica, pero espero que pueda seguir siendo de interés. Pido disculpas por esta demora y aprovecho para enviar un cordial saludo a mis lectores.

martes, 3 de febrero de 2009

sobre el TADH

Contestamos hoy al primer grupo de preguntas que nos planteabamos el lunes pasado 26 de Enero: ¿son adecuadas las relaciones del niño con los padres, tanto en un sentido cuantitativo y muy especialmente cualitativo?. Y respondo: ¡Rotundamente no!. Una vez superadas las primerads etapas de lactante y niño pequeño, los padres en general piensan en como llenar el tiempo de su hijo en una guardería o jardín de infancia o en ciertos momentos con "un canguro". Generalmente sus actividades laborales les llena la inmensa mayoría de sus horas de vigilia y para el resto de su tiempo encuentran también actividades socialeso de propio ocio de muy dificil supresión. A su hijo lo ven, lo cuidan unos momentos, pero "no vive con ellos", "no puede captar" sus actividades ni oir y escuchar "sus frases, sus conversaciones" con suficiente continuidad o reiteración. En su preconsciente los padres son conscientes de estas deficiencias y calman su inquietud de responsabilidad pensando que "la escuela enseñará y educará a su hijo" lo que es su obligación. Y aquí radica otro error. La guardería y también el jardin de infancia no tienen que enseñar a los niños, sino tienen que cuidarlos, permitir que aprendan "captando el entorno que se les ha ampliado" y facilitando que "comiencen sus relaciones sociales con otros niños". La escuela primaria iniciará una cierta enseñanza: la del aprendizaje de simbologías y la de facilitar el razonamiento concreto con los conceptos de cantidad, de tiempo, de espacio. Todo ello enriquecerá la captación del entorno en la familia y concretamente con los padres que será la base más rica para estas edades de la infancia antes de llegar a la adolescencia. Todo lo dicho no minimiza la gran labor que ha de desarrollar el maestro/a en la escuela primaria, sino todo lo contrario, lo engrandece porque lo pone paulatinamente al mismo nivel que el de los padres en las fases más avanzadas de estos periodos hasta el punto de convertir al maestro/a en nuevo patron-guía. En la forma de llevar a cabo estas misiones en las referidas etapas y en hacerlo en un ambiente emocionalmente rico y equelibrado, radica el secreto de prevención de la gran mayoría de los actuales TADH. Seguiremos ...

lunes, 26 de enero de 2009

sobre el SADH

Decíamos la semana pasada que nos sorprendía poderosamente el extraordinario número de niños que son diagnosticados de falta de atención y sometidos a tratamiento medicamentoso. Lo que sí está hoy día diagnosticado con certeza es el frecuente fracaso escolar y los bajísimos rankings alcanzados por nuestros escolares en las evaluaciones internacionales. Pero ello no siempre es achacable a los niños: >***¿estamos seguros que la conducción anímico-afectiva de los chavales es la correcta?, ¿el tiempo que cada uno de los padres conjunta y aisladamente dedica a estar positivamente con su hijo es el deseable?, ¿la relación materno y paterno-filial es cualitativamente la conveniente?. >Y estas circunstancias han de ser aplicadas también al tiempo de estancia del niño en la escuela para sus relaciones con el maestro/a >***¿estamos seguros de que los sistemas de enseñanza son los adecuados para la infancia? ¿se sabe bien que durante todas las fases de la infancia hay que enseñarle muy poco y ayudarle a dejarle aprender mucho?, ¿se tiene correcta consciencia de que los “fracasos” en el curso de estas edades son algo inherente y necesario para su aprendizaje?.strong> En gran número de casos constatamos que muchos de los puntos señalados “no van bien”. A analizar todos y cada uno de estos puntos vamos a dedicar las próximas aportaciones.

miércoles, 21 de enero de 2009

Hace ya más de un mes desde mis últimas reflexiones. Las fiestas y celebraciones navideñas, la perspectivas de iniciar nuevas actividades han tenido fijada mi atención. Pero no quiero abandonar mi blog y aquí estoy de nuevo. Y ya que he citado lo de mi atención, me viene a la memoria un asunto pendiente sobre el que quiero reflexionar: el de los niños afectos de TADH, trastorno de la atención, depresión e hiperactividad de los niños y adolescentes. Se ha puesto de moda, se habla mucho de él tanto en círculos sociales como en simposiums y reuniones científicas. Se consulta con suma frecuencia al pediatra y a psicólogos; en las escuelas maestros y profesores alertan a los padres y en todos los medios se busca en él la causa del frecuente fracaso escolar. Pero el máximo riesgo lo vemos en la gran cantidad de seres que en plena edad de desarrollo se encuentran sometidos a tratamientos de pastillas, anfetaminas, diazepanes... de drogas. Muchos más de los que a finales del siglo XIX y principios del XX sufrían palmetazos o habían de ponerse de rodillas con los brazos en cruz o de aquellos que ya avanzado el siglo XX eran sometidos a innumerables test psicológicos, a reiteradas e interminables horas de refuerzo escolar, de sesiones de psicoterapia. Yo, como pediatra, pienso que, una vez abandonados y descartados los castigos corporales, todos estos procederes tienen su base científica, su adecuación como tratamiento de trastornos de evidente existencia. Pero me llama poderosamente la atención y me asusta la cantidad de niños y adolescentes a los que se aplica. ¡Algo falla!. En esta punto me aparecen dos grandes dudas a analizar: ¿todas las aparentes desviaciones son achacables al niño? ¿hasta donde llega la normalidad en las variaciones de la atención dentro de la diversidad de los individuos en desarrollo? ¿todos los casos de aparente desviación requieren tratamiento psicológico o farmacológico? En la próxima semana abordaremos la primera duda.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

La enseñanza y la educación III

Pasaremos hoy a hablar de la enseñanza y educación durante la segunda etapa que señalábamos en el primero de los blogs dedicados a este tema. Y como en el antetrior concluiremos con comentarios sobre las legislaciones que intentan regular la enseñanza. Durante nuestra vida hemos asistido a una interminable serie de legistaciones. Serie que comenzó en 1930 con el Plan Fernando de los Rios que sustituyó al Plan Calleja vigente desde 1903. Ya en 1935 aparece una modificación de Villalobos y después de la guerra comienza una nueva serie de leyes que se suceden con cada uno de los cambios de Ministro de Educación, hasta llegar a la democracia en la que, de momento no se ha podido alcanzar consenso ni siquiera en cada una de las Autonomías. Quizás ello signifique que todas las legislaciones pretenden adentrarse en todos y cada uno de los campos de la enseñanza marcando unas direcciones y orientaciones predetermindas lo que va en contra de la deseable libertad para impartir del profesorado y contra la posibilidad de libre elección por parte de las familias. Por ello nos parece tan importante el sentar unas bases fundamentales que puedan ser admitidas por todos y así poder dirigir todas las legislaciones a una adecuada búsqueda de recursos y a su equitativa y justa distribución. Pero volvamos al intento de sentar las bases fundamentales para la enseñanza en este periodo de la adolescencia que comienza con los albores de la pubertad. El adolescente dispone ya de un bagaje de coceptos y simbologías que le permiten contrastar la realidad que observa alrededor. Comienza una introspección para ir formarse una imagen de su propio cuerpo. La imaginación se encuentra en pleno desarrollo y ha comenzado claramente la función de la fantasía. Se ha adentrado en el pensamiento concreto y ya muestra unas concepciones suficientes, aunque algo imprecisas de las nociones del tiempo y del espacio. Está ya dispuesto para empezar a empkear ekl razonamiento abstracto. Y con todo ello plenamiente preparado para adentrarse en los estudios científicos y filosóficos. El papel del maestro, de los profesores, adquiere toda su relevancia y deja a los padres en un`papel de segundo plano de apoyos emocionales, comprensión de situaciones y actuaciones y traspaso paulatino de responsabilidades al adolescente; sin que ello signifique un abandono de su labor directiva, de puesta de límites y fundamentalmente de patrones-guía para la formación de la escala de valores del adolescente. El colegio, academia o instituto ha adquirido, pues, el primer plano en la ensañanza y, por tanto es hacia ella hacia la que deben dirigirse todos los intentos de apoyo y regulación a sus funciones por parte de las legislaciones, respetanto en todos los casos las orientaciones cívico-religiosas en las que deseen basarlas sus responsables. Lo único que debe ser impedido por ley es el incivismo, la ilegalidad y la intolerancia. A mimodo de ver lo que las leyes de enseñanza deben facilitar siempre son las vías de diálogo, las ocasiones de encuentro. En la obtención y distribución justa de los recursos van a encontrar los legisladores los más eficaces recursos para intentar que llegue el consenso entre las más diversas tendencias y ello mediante el empleo de la nunca suficientemente subrayada tolerancia respetuosa que, como es sabido, conlleva entre otras cosas el convencimiento de que nadie es poseedor de la verdad absoluta y por ello hay que estar siempre dispuesto, no sólo a oir, sino a escuchar la verdad del otro.